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¡No es no! Voces contra el acoso


Un Grupo de estudio y activismo contra las violencias basadas en género, particularmente el acoso sexual, viene trabajando en Uniclaretiana para generar conciencia, reflexiones y acciones que contribuyan a hacer de la universidad un territorio seguro en esta materia. Aquí están las voces de quienes lo lideran, compartiendo con nosotros el trabajo realizado e invitándonos a que nos sumemos a esta causa por la dignidad y la vida en todos los ámbitos de Uniclaretiana.
 
 
Silvana Quiroz Mena


Edad: 26 / Lugar de nacimiento: Quibdó / Pasatiempos: Lectura, ejercicio.
 
“Hablar sobre acoso es transformar la realidad, es visibilizar una problemática y es creer que las universidades pueden ser un lugar seguro”
 
¿Cómo se define a sí misma?
Me defino como una mujer chocoana interesada por las situaciones que ocurren en el territorio, dispuesta a generar cambios positivos que tengan impacto en el entorno. Soy una persona alegre, inquieta y comprometida en mi área, que es la Psicología.
 
¿Por qué eligió Psicología como carrera?
Elegí Psicología porque considero que la investigación en esta área del conocimiento es fundamental, dado que se puede seguir ahondando en la comprensión del ser humano desde lo psicosocial. Considero que la investigación es una herramienta importante a la hora de tomar decisiones significativas que tengan impacto en las políticas públicas y así se pueda contribuir al mejoramiento de un sistema de salud más integral, que no deje de lado la salud mental. Así pues, me interesa que la investigación en esta área de la salud  deje de quedarse en el papel y trascienda al territorio.
 
¿Por qué hacerse la pregunta por el acoso sexual en el entorno universitario?
La universidad debe ser un lugar seguro de aprendizaje en donde tanto estudiantes como profesores se sientan bien. Pero, en nuestro contexto el acoso sexual ha sido invisibilizado y no se habla de ello como problemática. Además, nos dimos cuenta de que la mayoría de los estudios realizados en Colombia han sido en población mestiza, se han realizado pocas investigaciones que incluyan población afro, que permitan una comprensión desde las particularidades culturales de esta población.
 
Esto nos permitió analizar la problemática y reconocer su dimensión. Es así que no solo quisimos responder esa pregunta de investigación sino también aportar, es decir, no solo realizar nuestro trabajo de grado, sino también crear un proyecto vinculado con la Universidad, que permitiera generar reflexión y generar un impacto significativo sobre el acoso sexual en el contexto universitario.
 
¿Cuáles son los principales hallazgos que se han logrado el proyecto?
Primero, con este proyecto se ha logrado vincular a un grupo de jóvenes estudiantes de la Uniclaretiana, quienes forman parte de este proyecto y están participando activamente. Esto los ha llevado a reflexionar sobre este tema, por medio de un proceso de capacitación del que hicieron parte, para ahora convertirse replicadores. Segundo, se ha logrado reconocer la problemática de la normalización del acoso sexual en el ámbito universitario, puesto que los estudiantes tienden a justificar e invisibilizar el acoso sexual. Asimismo, encontramos que la cultura es un factor influyente en la percepción social del acoso sexual, puesto que vivimos en un contexto en donde la mujer afro es hipersexualizada, en donde es responsabilizada frente a algún acto de violencia. Tercero, se han abierto espacios de interacción, reflexión y escucha para que todos los estudiantes puedan participar abiertamente, con el objetivo de que no se sientan solos, se sientan seguros y acompañados; además, este proyecto ha permitido que la Uniclaretiana esté interesada y comprometida con este tipo de problemáticas. Por último, se ha logrado realizar diversas actividades dentro de la universidad, en donde han participado los administrativos, docentes, estudiantes y visitantes; estas actividades han generado un impacto significativo y han puesto en evidencia que se deben seguir realizando este tipo de iniciativas.
 
¿Qué significa para usted hoy día hablar de estos temas en la universidad?
Para mí es una gran responsabilidad y un gran reto hablar sobre este tema en la universidad, debido a que sigue persistiendo la normalización y justificación del acoso sexual, a causa de las creencias culturales que existen alrededor de este tema. Aunque algunas personas no se tomen en serio esto o piensen que es exagerado, nosotros seguimos insistiendo, puesto que es necesario e importante continuar hablando, porque estamos sentando un precedente, estamos enviando un mensaje en donde decimos ¡la Uniclaretiana dice No al acoso sexual!, y donde decimos que el acoso sexual no es normal. En este sentido, hablar sobre acoso es transformar la realidad, es visibilizar una problemática y es creer que las universidades pueden ser un lugar seguro.
 
¿Cómo ve la situación del acoso sexual en la ciudad de Quibdó?
El acoso sexual en Quibdó afecta mayormente la población femenina, son estas las que sufren de acoso sexual callejero, laboral y en el ámbito educativo; esto se debe a las creencias que se han construido alrededor de la mujer en donde esta es hipersexualizada y cosificada. Además, existe la naturalización del acoso, se cree que es normal decir un piropo, hacer comentarios sobre la vida sexual de la otra persona, se cree que es normal hacer tocamientos de manera intencionada e inapropiada y opinar sobre el tipo de ropa, entre otras formas de acoso sexual. Esta percepción lo que muestra es que vivimos en una sociedad que cree que, si la mujer es víctima de acoso u otro tipo de violencia, es porque ella se lo buscó o hizo algo para provocar a su agresor. Esto guarda relación con el componente cultural, en donde se construye una idea de mujer y de hombre a partir de estereotipos de género, los cuales imponen roles que deben ser seguidos socialmente. A estas alturas, sigue pareciendo normal este tipo de creencias y tanto hombres como mujeres llegan a justificar la violencia. Así pues, la realidad de la ciudad de Quibdó es bastante preocupante frente a este tema y aún más cuando esta problemática no es abordada abiertamente.
 
 Usted está próxima a graduarse, ¿qué le ha aportado el proyecto a su formación?
Este proyecto me ha fortalecido de tres maneras: en lo personal, académico y como futura profesional, dado que me ha puesto a prueba y me he enfrentado a grandes retos. Primero, en lo personal, porque me ha permitido desarrollar habilidades de liderazgo, trabajo en equipo, empatía, comunicación asertiva, disciplina y constancia para así poder conseguir las metas propuestas. Segundo, este proyecto aportó en mi formación académica, puesto que seguí un proceso riguroso de investigación, desarrollé estrategias metodológicas funcionales, pude combinar lo teórico con lo práctico y ahondar en la complejidad de este tema. Por último, este crecimiento personal y académico da como resultado una Profesional en Psicología consciente de la realidad que la rodea, dispuesta y comprometida con la realización de procesos que vayan de lo investigativo a lo comunitario, es decir, que puedan trascender del papel a la realidad, y sobre todo que contribuyan al mejoramiento del territorio.
 
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Karen Sofía Serna Valencia

Edad: 19 / Lugar de nacimiento: Quibdó / Pasatiempos: leer, escuchar música y bailar
 
“La mayor herramienta que me ha brindado el proyecto es el conocimiento, pues sin esto no podría hacer nada ni por mí ni por los demás”.
 
¿Cómo se define a sí misma?
Una persona optimista, de mente abierta a los conocimientos positivos, con ganas de liderar un nuevo cambio para la sociedad y dispuesta a ayudar a los demás.
 
¿Por qué eligió Uniclaretiana para estudiar Psicología?
Elegí la Uniclaretiana por su orientación social y el sentido de pertenecía que proyecta, y porque de las demás universidades fue la de mejor opción para la economía de mi familia.  
 
¿Cómo fue la respuesta de la Universidad ante la iniciativa del grupo?
Positiva, ya que ha estado dispuesta y colaborativa a las actividades que hemos realizada.
 
¿Ha vivido usted o alguien cercano alguna situación relacionada con el tema? ¿Cuáles herramientas cree que el proyecto le ha brindado para afrontar ese tipo de situaciones?
Sí, claro lo he vivido y personas cercanas a mí también. Antes de conocer este tema no hacía nada al respecto; pero, ahora lo que hago es tratar de generar conciencia, contándoles sobre este proyecto e invitándolos también a buscar ayudas profesionales para darle solución a este problema en el momento en que no puedan resolverlo por sí mismos. La mayor herramienta que me ha brindado el proyecto es el conocimiento, pues sin esto no podría hacer nada ni por mí ni por los demás.
 
¿Cree que los jóvenes de Quibdó entienden la problemática del acoso sexual?
Considero que no todos, tal vez una pequeña parte entendamos la gravedad, pero en eso juegan un papel importante el desconocimiento y la normalización que en la comunidad quibdoseña se tiene sobre esta problemática.
 
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Luis Ángel Valencia Palacios

Estudiante del IV semestre de Psicología, en Uniclaretiana.
19 años de edad. Nacido en Quibdó, residente del barrio Niño Jesús.
 
“El acoso sexual no respeta género, edad, etnia, orientación sexual”.
 
¿Cómo se define a sí mismo?
Me defino como un joven líder y comprometido, un agente de cambio que cada día busca aprender y desaprender para aportar a nuestra sociedad con escasez de liderazgo; por eso comparto la idea de que cada ser humano debería tener un plan vital, una razón de ser, que le permita dar sentido a su existencia y, dentro de lo posible, aportar a que la sociedad mejore, ya que esta nos ha dado mucho. Me encanta ayudar y sobre todo trabajar en equipo.
 
¿Cómo se enteró del proyecto y porqué participa en él?
Me di cuenta de Sexo en la U a través de folletos publicitarios que las encargadas del proyecto en ese entonces habían pegado y realmente no lo pensé dos veces para participar, pues me pareció muy interesante que se abordara ese tema en nuestra Universidad. Además, sabía que como hombre podría dar buenas aportaciones en él.
 
¿Cuáles son ejemplos de acoso sexual en la Universidad y en la sociedad?
Durante todo este tiempo hemos llegado a la conclusión de que existen muchos factores que hacen que se normalice el acoso sexual. El principal es el cultural: como las personas han sido criadas en familias patriarcales, machistas, todas esas conductas las traen a colación a través de piropos desagradables, miradas insinuantes, comentarios inapropiados. Esos son claros ejemplos que ocurren en nuestra sociedad y aunque la Universidad se contempla como un lugar seguro, según las herramientas utilizadas para recaudar la información, hemos encontrado que también se practican todas esas conductas mencionadas anteriormente.
Hay que tener en cuenta que los hombres viven mucho el acoso sexual; pero las mujeres son mucho más vulnerables ante esto.
 
¿En qué consistió la actividad que realizaron a principios de marzo en el hall de entrada de la Sede principal de la Universidad?
Una de las propuestas de Sexo en la U es generar conciencia a través de nuestras actividades. Por eso, en conmemoración del Día de la Mujer, teniendo en cuenta todo lo que les ha tocado vivir por ser mujeres, nos surgió la idea de los maniquíes. Se instalaron varios (de cuerpos de mujeres) con mensajes como: "No me toques”, “Mi forma de vestir no justifica que me violes, ubícate”, entre otras frases. Realmente fue algo muy creativo y queríamos que a través de las frases las chicas se sintieran mucho más identificadas; además, queríamos generar un impacto y que la comunidad educativa cayera en la cuenta de que muchas cosas que hacen no están bien y cuentan como acoso sexual, pero el hecho de que se desconozca no justifica nada, ¡es acoso!
 
¿Qué mensaje le gustaría dejar a los jóvenes sobre este tema y su relación con sus estudios en psicología?
Somos el futuro del país y en nuestras manos está el poder cambiar la realidad del mismo. Por eso queremos que los jóvenes conozcan, aprendan sobre estos temas de importancia para la sociedad; porque, aunque sabemos que es un proceso difícil, si nos capacitamos y tomamos conciencia podemos disminuir el acoso sexual, ya que ningún individuo esta exento de esto: el acoso no respeta género, edad, etnia, orientación sexual. Todos y todas podemos vivirlo, por eso nosotros más que nadie, como estudiantes de Psicología, sabemos de todos los problemas psicológicos y emocionales que esta conducta causa. Entonces, esa es la invitación a conocer para dejar de replicar estas prácticas, para contribuir positivamente enseñándole a otras personas, para disminuir o erradicar el acoso sexual del cual muchos hemos sido víctimas o, en la mayoría de los casos, victimarios.
 
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Juan Fernando Oliveros Ossa

Docente vinculado al Programa de Psicología de Uniclaretiana.
29 años, de Medellín, resido en el barrio Niño Jesús.
 
“Dentro de la cultura chocoana hay particularidades que sería importante diferenciar frente al acoso y la violencia sexual. En este sentido, surgen preguntas como: ¿es posible resignificar valores de la cultura ancestral que perpetúan las violencias de género?”
 
 
¿Cómo se vinculó al proyecto?
Tras revisar el proyecto de grado de María Alejandra y Silvana, conversé con ellas para ofrecerme como su asesor. A partir de ese momento, ajustamos la metodología para hacerla desde la IAP (Investigación Acción Participante) y empezamos a trabajar conjuntamente. El proyecto logró impactar positivamente, recibió apoyo institucional posteriormente, por parte de la Coordinación de Investigación y la Vicerrectoría Académica.
 
¿Qué lo motivó a apoyar esa iniciativa?
El acoso sexual, y más específicamente la violencia sexual y de género, son problemáticas que están hoy en la agenda pública y que debemos visibilizar cada vez más. Su abordaje debe posibilitarnos realizar acciones de sensibilización, prevención y psicopedagogía, que permitan deconstruir, desnormalizar y desnaturalizar representaciones sociales violentas, como estereotipos, discriminaciones y abusos acallados.
 
¿Por qué es importante para la Universidad fomentar este tipo de procesos?
La Universidad, como Institución de Educación Superior, tiene la responsabilidad social de contribuir al bienestar y la protección de los estudiantes. En este sentido, estos procesos permiten que tengamos estrategias articuladas para prevenir casos de acoso sexual, para activar rutas de atención y para generar canales de acompañamiento y escucha a quienes puedan sentirse vulnerables, amenazados o en peligro.
 
De igual manera, la respuesta de la comunidad educativa ha sido bastante positiva. Las actividades propuestas han propiciado la reflexión, la pregunta por un problema que se nos ha vuelto paisaje y que se ha normalizado de tal manera que se difumina en nuestra cotidianidad.
 
¿Cuáles son los principales retos y proyecciones de una iniciativa como esta?
El reto consiste en trascender del espacio universitario a la escala local y departamental. Dentro de la cultura chocoana hay particularidades que sería importante diferenciar frente al acoso y la violencia sexual. En este sentido, surgen preguntas como: ¿Es posible resignificar valores de la cultura ancestral que perpetúan las violencias de género? ¿De qué forma es posible generar reflexiones sobre la cultura sin imponer actividades que generen aculturación? El abordaje de estas preguntas debe hacerse desde adentro, desde una reflexión que provenga de las mismas comunidades chocoanas. Como universidad con un compromiso con la sociedad, tenemos la responsabilidad de instalar las preguntas, cultivarlas y acompañar su comprensión. La respuesta y la transformación que puedan generar estos procesos dependerá de las mismas dinámicas culturales y relacionales de la población chocoana.
 
Otro reto importante es la articulación institucional. Este proyecto debería replicarse en otras universidades y tener apoyo de entidades como Defensoría del Pueblo, Secretaría de la Mujer y ONG que puedan aportar en la contención y eliminación de la problemática. Como universidad somos un actor que suma, pero no somos la única mano que construye.
 
¿Cuáles han sido sus reflexiones personales y laborales sobre el tema del acoso sexual que se han desprendido del proyecto?
Estos temas lo deben atravesar a uno mismo. Deben posibilitar que uno se haga preguntas de manera autorreflexiva. La duda, la autocrítica y la reflexión constante son claves al vincularse a procesos de este tipo. Creo que como docentes tenemos una responsabilidad muy grande. Nuestros procesos educativos e investigativos deben impactar más allá de anotaciones en tableros, notas de clase y trabajos evaluativos.
 
La docencia y la investigación deben posibilitar la transformación social. En este sentido, ha sido inquietante que aún hay resistencia para reconocer que cualquier piropo no consentido es violento, que hay una desigualdad estructural hacia las mujeres, que las mujeres tienen mayor riesgo de acoso que los hombres, que las masculinidades requieren una resignificación, entre otros.
 
Creo que la praxis es fundamental. La coherencia en la cotidianidad hace que este no sea un proyecto que se agote en unas fechas en concreto, sino que suponga un escenario que potencie estrategias continuadas frente al acoso y la violencia sexual.
 
¿Cómo está funcionando el grupo y cómo pueden enterarse otros estudiantes para participar en él?
El grupo funciona con un nombre que es Sexo en la U. Se propician talleres abiertos, cineforos abiertos y un grupo de estudio que es un poco más cerrado. Los talleres y los cineforos son planificados por el equipo base del proyecto (Silvana y María Alejandra) y son apoyados por el grupo de estudio.
 
El Grupo de Estudio está conformado por el equipo base del proyecto y por diferentes estudiantes que tienen interés particular en los temas ya enunciados. Con la actual pandemia estamos repensando cómo continuar. La idea es continuar proponiendo estrategias que impacten en la comunidad universitaria, como el stand que tuvimos el 26 de febrero, la charla con la invitada de la Defensoría del Pueblo el 27 de febrero o la instalación con los maniquís el 9 de marzo. Nuestras estrategias están generando fuertes cuestionamientos.


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